Mostrando las entradas con la etiqueta concierto. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta concierto. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de julio de 2009

En un concierto de rocanrol

Hace poco fui al concierto de Andrés Calamaro en el auditorio del Tec de Monterrey. Cabe resaltar que en esta ocasión que el Malamén y yo nos aventurábamos a esa sofocante y alocada ciudad para ir a un concierto de rocanrol, los dioses me premiaron. ¿Y por qué se vieron tan chidos los dioses del rocanrol? Simple y sencillo: fui vestido para la ocasión e hice todo el ritual “pre-concierto de rocanrol”. Sólo me faltó pistear, pero no había tiempo para eso.
El caso de todo esto es que yo tenía contemplado que íbamos a un concierto de rocanrol, pero en el camino surgió una ligera discrepancia de ideas. El Malamén no estaba tan seguro de que íbamos a un concierto de rocanrol, más bien – él pensaba – íbamos a un concierto bohemioso con uno que otro tinte de rocanrol. Algo así – comentaba – como Joaquín Sabina.
Entonces surgió la duda, ¿qué era un concierto de rocanrol? ¿Qué debe tener un concierto para que sea rocanrol? Música, claro, pero últimamente los géneros musicales del rock y sus derivados son tan vastos y confusos que uno ya nunca sabe ni qué tranza. Muchas veces tomamos la tangente de decir: rock alternativo, o rock fusión.
Pero bueno, dejamos la música como elemento fundamental, un paso atrás para enfocarnos en los otros elementos que hacían de un concierto, un concierto de rocanrol. La actitud y la esencia. Sí, hay elementos en un concierto, medio aparte y medio conjunto con la música, que hacen que un concierto sea un concierto de rocanrol.
El premio que me otorgaron los dioses en esta ocasión fue, ni más ni menos que haber entrado gratis al concierto. Nos topamos con un amigo del Malamén que tenía otro amigo al que le sobraban cuatro boletos de cortesía, uno de esos boletos fue para mí.
Como los boletos estaban enumerados, mi asiento estaba alejado del del Malamén y Ana. Yo no me sabía más que una canción, que por cierto, no tocaron. Así que, encontré la posibilidad de fijarme en los elementos diversos que hacían de ese concierto un concierto de rocanrol. Saquí mi libreta e hice mis anotaciones.

- En un concierto de rocanrol, el público canta esos típicos cánticos de “oeeeee oee oee oeeee”, así como (en ciertas ocasiones y con cierto público) los de “culeeeeeros, culeeeeros”, cuando los músicos se van.
- En un concierto de rocanrol, tanto algún músico como varios elementos del público traen gafas oscuras, con todo y todo que no hay sol. Tal vez, se le pueda pasar a los músicos ya que tienen todos los reflectores apuntándoles a la cara, ¿pero los del público? ps bueno, ese es otro elemento.
- En los conciertos de rocanrol, el común dominante de instrumentos musicales son instrumentos eléctricos y no acústicos microfoneados.
- En los conciertos de rocanrol, la iluminación tiende a ser muy extravagante y locochona. Que si se mueven mucho, que si los colores morados, azules, rojos... esa tendencia.
- En los conciertos de rocanrol la mayoría de la gente va vestida de negro.
- En los conciertos de rocanrol no es nada raro encontrar hombres con playeras sin mangas.
- En los conciertos de rocanrol se usan mucho los requintos chillantes con una guitarra Stratocaster.
- En los conciertos de rocanrol encontrarás que una o más de una rola acabará con luces parpadeantes al ritmo de redobles, platillazos y guitarrazos ruidosos.
- En un concierto de rocanrol alguno de los músicos va a traer botas vaqueras.
- En un concierto de rocanrol el líder de la banda va a hacer que el público interactúe mediante aplausos o cánticos.
- En un concierto de rocanrol, a huevo, se brinda pisteando.
- En un concierto de rocanrol nunca faltan los valientes que se suben al escenario para abrazar a sus ídolos.

Esos fueron todos los elementos rocanroleros que vi en el concierto de Andrés Calamaro. Muy probablemente falten más, pero ninguno está de sobra. Claro que si vas a un concierto de rocanrol y no hay alguno de éstos elementos que cité, no significa que el concierto deja de ser de rocanrol. Esto nomás fue una observación y puro cotorreo mío.

martes, 11 de noviembre de 2008

Coca cola zero fest

Los Fabulosos Cadillacs, The Mars Volta, Jaguares, esos eran mis gallos. Los Cadillacs por conocer unas cuantas rolas y saber con anticipación que iba a un buen reventón; The Mars Volta porque he escuchado dos que tres de ellos y muy buenas referencias, especialmente de cuando tocan en vivo; y ps Jaguares por la trayectoria y ser de esos grupos con los que empecé a escuchar y reventarme con rock en español.

Para empezar, llegamos tarde al concierto, pero no había mucha bronca ya que no teníamos la intención de escuchar a los primeros grupos, así, menos tiempo de andar dando vueltas, menos cansancio pa los pies, menos dinero invertido en chelas que seguramente nos tomaríamos. Para cuando llegamos a parque Fundidora, lo primordial era dejar el coche y darle para el concierto. Dejamos el coche en una calle donde había muchos otros coches estacionados, los típicos viene-viene (hijos de puta que resultaron al final, hijísimos de su putísima, así de gacho) que nos pidieron una lana por dejar el coche donde lo dejamos, que disque ellos lo cuidarían... ps bueno, va.
Caminamos lo suficiente para que el Malamen dijera que hubiera dado lo mismo haber dejado el intrépido Ka-nepa en el estacionamiento donde cobraban, ahí en el río sin agua. En fin, la cosa era llegar al concierto, hacerse de una buena referencia, buscar algún indicio que indicara dónde y a qué hora tocarían los grupos que queríamos ver.
Eran dos escenarios, había mucha chuchería alrededor. Un bar vip; estación de radio, de televisión; baños públicos portátiles; la estación del monchis; y otras tantas cosas que no supe ni me importó ver.
El primero grupo que escuchamos fue Calle Trece. A pesar del ritmo regguetonero que de repente sacaban, tenían uno que otro arreglo aceptable en los metales y percusiones. Algo dijo que dedicaba una canción a los culeros del gobierno gabacho, por todas las trabas que ponen para que los latinos lleguen a su país, ¿o la había dedicado a los mojados? No recuerdo, pero se estaba quejando de ese asunto. En fin, no me dieron más de qué hablar.
Esperamos a Coco quien había ido a orinar, un especie de reiver se me acercó, desde lejos le vi cara de que él iba a ver a Zoe, tenía aire, y los típicos lentes oscuros que usan. Se me acercó y me pidió un toque. Ah, qué caray, ¿ps qué tengo cara de marihuano? Nomás me reí y me puse a cotorrear con el güey, después de un rato se fue, esperando volver a encontrarme “por ahí” pa que le conectara un toque... ps bueno, naturalmente que no lo volví a ver.
Nos encontramos a unos cuates y nos metimos entre la gente pa ver a Zoe, hicimos le rendimos culto a los dioses risueños y de la buena onda. Yo estaba dispuesto a darles una última oportunidad a los de Zoe pa ganarse mi agrado y aplausos. No, al contrario, después de tolerar tres canciones dije: basta. El Malamen y yo fuimos por más cerveza.
De ahí fuimos a darle una oportunidad a Kinky, pero tampoco les duró el gusto (que soberbio comentario) y fuimos a comer. El sol ya había caído y el dinero comenzaba a escasear, era el momento indicado para ir por más, para beber más. Caminamos hasta cintermex por un cajero y sacamos cada quien una lanita. Cuando volvimos al concierto ya estaba tocando Jaguares. Nos quedamos ahí, nos metimos entre la gente hasta donde pudimos, el cual era un lugar bastante respetable.
Jaguares tocó bien, no se podía esperar más de ellos. Hicieron lo que saben hacer, no han empeorado, como he escuchado por ahí. Tocaron y prendieron, mucha gente coreó las canciones a las que nos tienen acostumbrados, “Dime Jaguar”, “la Célula que explota”, “Nubes”. No tocaron (o al menos no escuchamos) ni “Quisiera ser alcohol” ni “El milagro” que queríamos escuchar el Malamen como yo, respectivamente.
Bueno, eso fue Jaguares, un gusto haberlos vuelto a ver después de tanto tiempo, habladurías y sucesos. Cuando se despidieron, la gente comenzó a retirarse, al otro foro, quizas, pero nosotros nos quedamos ahí. Seguía The Mars Volta, y a pesar de las tremendas ganas de orinar, avanzamos entre la multitud.
De estar en un lugar respetable, pasamos a uno privilegiado. Las ganas de orinar se intensificaban entre más apretada estaba la gente. ¡Pero no había que claudicar! Más de una vez pensé en tirar el líquido ahí merito, total, estábamos al aire libre; pero no, no manches qué culero y pasado de lanza. Luego pensé en orinar en un vaso o botella, lo que fuera, pero ps nadie a mi alrededor traía. No pregunté, pero en mi escrutinio visual no vi nada que me ayudara.
Más ganas de orinar y The Mars Volta no salía. Yo saqué mi teoría acerca de que los “rockstars” hacen lo que se les pega su rechingada gana con nosotros los simples mortales que los vamos a ver. Porque ellos saben que siempre habrá alguien hasta adelante, que ese alguien se sentirá privilegiado por sobre los demás, mientras que para ellos (los “rockstars”) los de la fila de adelante son “los de la fila de adelante”, punto. Porque uno puede ir al baño y perderse de estar tan cerca, pero para el grupo, siempre habrá gente cerca. Aunque se tarden en salir porque tienen que pintarse las uñas, afinar la guitarra una y otra vez, acabar de coquetear con alguna grouppie, acabar de dar una entrevista, o acabar de limarse las uñas, lo que se les pegue su gana, la banda-público, seguiremos esperando.
Y así andaba yo esperando, y cuando amenazaba con irme, mis vecinos me decían: no mames wey, aguanta, vale la pena. ¿Tan cabrón está el pedo? Ps bueno, vale, hay que apretar y apretar. Convertir el líquido en gas, total, ese no mancha.
Un buen rato (que pareció eterno para los que estábamos por orinarnos) después, salieron y se desbarraron de lo lindo. Pta, qué prendidos. El baterista toca de una manera fenomenal, prendidísimo, por más que intentaba no pude agarrar el ritmo, ni nada. Todo era una explosión genial de sicodelia. El guitarrista también tocó como monstruo, me recordó mucho al Jimmy Hendrix, por ser zurdo y por cómo tocaba. Y pues el vocalista con su distinguido greñerío andaba dando saltos por doquier, jugando con el micrófono. Muy, muy buen espectáculo. Lástima que las ganas de orinar me ganaron y salí corriendo al baño.
Los baños, otro punto de qué hablar. Pta, era un martirio ir al baño. ¡¡¡Estaban llenos!!! Y eran un montón, así que... olía a madres. Tons tenías que andar cazando a ver qué puerta se abría para agandallar y entrar, aguantarte la respiración y hacer lo que ibas a hacer para salir volado de ahí.
Luego fueron los Cadillacs. Fabulosos, en verdad. No puedo decir mucho. Se armó un muy buen reventón. Hubo una muy buena explosión de energía. Yo me entregué por completo y por tanto no puedo objetar muy claramente, simplemente puedo decir que agarré la onda y lo disfruté como esos conciertazos que uno disfruta y conmemora.
Acabado el concierto... chingada, qué mal pedo. Toda la buena onda que traíamos para hablar del concierto de este o aquel sólo, de tal persona que hizo tal cosa, bla bla bla, de lo que sea. Y por supuesto, esa buena onda que uno trae cuando acaba el concierto y está listo para lo que viene... ¿qué será, qué será? ¿A dónde nos va a llevar el camino rocanrolero? ¿A quién vamos a conocer? ¿Dónde vamos a terminar? ¿Con quién? Madres... naranjas dulces, limón partido.
Caminando rumbo al coche, era extraño que ningún otro vehículo permaneciera estacionado en esa banqueta donde habían tantos antes. Yo iba caminando hasta adelante, a unos siete o diez pasos del Malamen y del Coco. Pensé que era ilógico pensar en que ya no estuviera el coche, por más que en muchas otras pasadas ocasiones siempre me lo esperaba, pero de un tiempo a acá, no, y menos en un evento de esos. Los dioses del rocanrol no podían ser tan pinches putos mierdas ojetes gandallas culeros. El coche ya no estaba.
Toooooooda la energía y buena onda se esfumó en un instante. La idea a futuro inmediato de seguir cotorreando se convirtió en una pesada carga de hueva, de ver cómo le vamos a hacer. Era sabido que no íbamos a descansar, que no nos íbamos a divertir, que de ahí en adelante todo iba a ser culero y que íbamos a buscar la manera más próxima de acabarlo.
Un cuate de un estacionamiento presenció cuando se llevaban todos los vehículos que se habían estacionado “ahí enfrente”, de ahí agarramos un taxi para policía y tránsito, nos dijeron que había que llevar cierta papelería que lógicamente no teníamos, y que las oficinas abrían de lunes a viernes, de ocho a.m. a cuatro p.m.
Jodidos y acabados, nos fuimos para la central de autobuses. Compramos un boleto para Saltillo que salía en una hora de la hora que era, así que para hacer tiempo fuimos a comer a los puestos de enfrente de la central, ahí donde están todos los teibol dans. Después de cenarnos nuestros lonches de bistec regresamos a la central. No es la primera vez que duermo en una central de camiones después de un concierto, las situaciones fueron diferentes, y a pesar de que nadie nos estuvo molestando, ésta vez fue peor.

lunes, 18 de agosto de 2008

Carlos Ann/San Pascualito Rey

San Pascualito Rey en Monterrey. Para empezar, ir a un concierto a Monterrey ya de por sí es divertido, bueno, no siempre, pero generalmente sí. Voy a copiar y pegar esta información acerca de San Pascualito Rey que se encuentra en la página del grupo porque la encontré muy buena.
“San Pascualito Rey actualmente está conformado por: Pascual (voz), Alex Nexus (sintetizador), Adolfo (guitarras), Juan (bajo) y Luca (batería).
El grupo tiene como característica fusionar rock con trip hop, lounge, canción romántica y música folklórica mexicana entre otras. Los entendidos se han referido al sonido del san Pascualito Rey como “dark guapachoso”, “mariachi-eléctrico” o “sonido grupero-melancólico-espacial-tropicoso” por sus ruidos orgánicos y sus texturas analógicas. En su lírica hablan del dolor, el desamor, la muerte y la vida de manera muy singular.”
Bueno, esos son, y a esos íbamos, repito IBAMOS, a ir a ver. Yo estaba emocionado. Me pasé una semana “entrenando” para el concierto. No conocía al grupo previamente así que tuve qué hacer mi investigación, investigación la cual culminaría con el concierto, iba a ser un excelente final, no, más que final, iba a ser una aportación. Pero, el guión de la vida no lo escribo yo, ni el Malamen, quien me avisó del concierto y con quien fui... ah, pinche Malamen.

Salimos de Saltillo, el sábado 16 de agosto. Pensamos que el concierto sería a las 21 horas, así que nos fuimos a las 18 hrs. Íbamos bien, una caguama dividida al final entre los dos, porque yo me la empecé a tomar para ver el partido del América. Total, que llegamos a Monterrey y nos detuvimos en un “seven-eleven” para llamarle a Andrés y pedirle que nos guiara al concierto. En las paredes de la placita dónde nos detuvimos, vimos un cartel que leía: Carlos Ann, café Iguana 16 de Agosto. A chinga chinga, pero sí el sábado tocaba San Pascualito Rey, ¿no? Yo todavía de ingenuo estúpido creí que Carlos Ann iba a abrir el concierto de San Pascualito Rey... aaaaaayyyyyyy, cuero mil. ¡Que pendejo!

El Malamen entró a un cibercafé. Entró a la página de San Pascualito Rey. Ups. El concierto fue ayer. ¡No mames, eres un pendejo! Esa fue mi reacción inmediata, pero luego dije: ps ni modo. Esto te pasa por tener expectativas, por dejarlo al ahí se va, ps ahí se les fue. Ahora a darle a lo que venía. Carlos Ann podía no ser del todo una mala idea, digo, teníamos la lana pa los boletos, teníamos todas las ganas de reventarnos en un concierto. Y así hicimos. O bueno, así pretendíamos hacer.

Resulta que Carlos Ann participó en el disco de... chíngale, olvidé el nombre. Bushido, Bushido de Enrique Bunbury. Yo ya había disminuido el tiempo en que iba a seguir las canciones a cero. Cuando era San Pascualito Rey eran como 3 minutos, pero con Carlos Ann se habían disminuido a cero.

Bueno, llegamos con Andrés al café Iguanas, preguntamos a qué hora empezaba, preguntamos el precio de los boletos y Andrés dijo que él no, tons tuvimos que regresarlo a su casa. Teníamos tiempo ya que el concierto empezaba a las 9 (según el guardia), eran las ocho y su casa quedaba cerca. Hasta nos compramos un six de chelas pa “precopear” como dicen por ahí. De a dos chelas por cabeza, contacté a los dioses risueños de la buena onda y salimos. Hicimos más tiempo del que pensábamos.

Llegamos a Barrio Antiguo, caminamos al caféiguana y ya eran como las diez de la noche. ¡Pta madre! Sigue, sigue, como quiera entramos y pagamos boleto. Compramos caguama y entramos a ver. Eran máximo como treinta personas escuchando el concierto. Bugoslavsky (o como se escriba) estaba tocando la guitarra, así que ya puedo decir que he visto a todos los Héroes del Silencio en un escenario.

Tocaron una rola y se despidieron. Putísima madre. Era como para morir de la risa. No pude comprimir mi instinto y comencé a gritar, en lo que otros gritaban “otra, otra”, yo alcé la voz del “culeros, culeros”. Y para morir aún más de la risa, por ahí, un cuate gritó ¡ñero! Bueno, en fin.

Abrieron el telón y salieron a tocar otras cuatro rolas. Tocaron una que me sabía. Increíblemente me sabía una canción. L´amour, del disco de Bushido. Esa rola me la sabía porque Lalo me regaló un disco “quemado” con las rolas del 19 días y 500 noches, de Joaquín Sabina, y en ese disco incluyó la rola de L´amour, por eso es que me la sabía. Así que la cantada se hizo presente. Es buena esa rola, de L´amour.

Cerraron el concierto con la rola de “Bala Perdida” y ps bueno, eso fue eso. Salimos del Iguana en búsqueda de algo más. Pasamos por el Antrópolis, lugar donde nunca hay cover, y antes la cerveza estaba siempre a 10 pesos, pero ese anuncio ya lo quitaron, subieron el precio de la cerveza. Total que nos dimos un par de vueltas, acabamos cotorreando con un par de chicas. Y salimos de ahí, sin más ni más.

En la caminada íbamos platicando de no sé qué onda, algo así como unos cuadros. ¡Ya recordé! Previamente al concierto, pasamos por esa calle y escuchamos que de un lugar se escuchaba Jazz. Cuando pasamos después del concierto, el Jazz ya no era, lo habían cambiado por electrónica, por lo cual el lugar cayó de mi gracia y ni pensamos en entrar. Yo pensé que en ese mismo lugar había visto unas pinturas y una sobre todo de un violín que me había llamado la atención. Justo en ese momento, caminando aún, pasamos por el centro cultural donde efectivamente, y contrario a mi memoria, había visto la pintura del violín. Adentro estaba vacío, muerto, excepto por un guitarrista de voz muy suave y una chica extranjera con un acordeón. Entramos.

Pedimos un par de chelas y pedimos también que tocaran algo propio. Improvisaron una melodía mágica. El Malamen estaba en pleno éxtasis, dando gracias por haberlo dejado escuchar aquello. Yo también “improvisaba” una letra y el guitarrista me dijo que adelante, que pasara al micrófono. No se diga más. Canté algo referente al alma. Después me eché un palomazo cantando la de “Wish you were here”.

Dicho por aquí y de esta forma suena como que algo muy sin chiste, pero en verdad, deberían de haber escuchado ese acordeón, la verdad tenía algo mágico.

Salimos de ahí y fuimos a un lugar que parecía estar chido, música de los sesentas y setentas. Pero no, no había mucho cotorreo, la banda tocaba una onda demasiado melosa y nos dimos cuenta de que la clientela era en su gran mayoría, señores de avanzada edad, que nos veían como si nosotros fuéramos bichos raros, mugrosos y borrachos. Bueno, andábamos borrachos, y tal vez también mugrosos, ¿pero bichos raros? No me da pena decirlo, ni se me hace raro que haya ocurrido, pero nos sacaron de ahí. No recordamos por qué. No estábamos haciendo desmadre ni nada por el estilo. Queremos pensar que el Malamen se tropezó y que de ahí nos tomaron y nos sacaron. ¡Ni nos dejaron pagar las cervezas que tomamos!

De ahí llegamos a otro bar donde había un foro abierto, una guitarra y micrófono. Entramos, pedimos una chela y yo me paré al escenario a tocar. Nunca quisieron prender el micro ni la guitarra, pero yo como quiera me eché mi concierto de unas tres, cuatro rolas. Mudo. Me tomaron foto, según el Malamen. Aunque el Malamen ya había adoptado su posición de borrachín, recargado en la mesa ocultando su rostro y dormitando.

No sé por qué lo hice. Sólo pedimos dos chelas, no era una cuenta grande, pero como quiera lo hice. Llegué con el Malamen, lo desperté y le dije: levántate, sal y échate a correr. Él no chistó, obedeció maquinalmente. Yo salí corriendo detrás de él. El mesero salió a perseguir. Le llevábamos mucha ventaja, la verdad creo que sí hubiéramos podido librarla corriendo, pero yo me retrasé y me regresé, el plan no era salir corriendo. El mesero llegó conmigo todo acelerado, amenazando que iba a llamar a la policía. Yo lo tranquilicé, le dije que no se trataba de eso, que íbamos a pagar, que salimos corriendo por otra cosa que me daba mucha hueva contarle. Luego no sé qué le dije, le pedí la cuenta y se metió por ella. Y entonces, me retiré, caminando. Sin pagar.

De ese punto en adelante, perdí noción, anduve en automático.


MOMENTOS DAVIDLYNCHEZCOS
* Cuando íbamos en el taxi rumbo al Barrio Antiguo sucedió el primer acontecimiento que bautizamos como “davidlynchezco” para la noche. Unos fuegos artificiales iluminaron el cielo de Monterrey. Fuegos artificiales morados.
* El segundo momento davidlynchezco fue una conversación telefónica que escuchamos de un guardia. Estaba gritándole a la persona del otro lado del teléfono: algo así como que “no me importa, manda la ambulancia y luego arreglamos esto.” Le gritó no sé cuánta leperada y majadería, a pulmón suelto, voz en pecho. Y bien. El hecho que nos puso acá, con los nervios de punta fue ¿por qué se negaría alguien a mandar una ambulancia?.
* El tercer momento fue todo lo que envolvió al concierto. Llegar un día tarde, como quiera ir al concierto del grupo que tocaba, que resultó ser conocido. Llegar tarde a escuchar como el grupo se despedía.
* El centro cultural y el acordeón mágico, tocado por una chica guapa, alemana, novia del manejador del lugar que era un prototipo de mexicano oaxaqueño, chaparro, prieto y cabezón bien buena onda.

Ah, casi lo olvidaba, en el camino de regreso, nos multaron por exceso de velocidad.

martes, 1 de julio de 2008

Tributo a Héroes del Silencio - Confesionario/ fiesta jipireivera - DuBrasil

El cuerpo duele, punza, los brazos se sienten cansados, hay uno que otro golpecillo en la espalda, la parte trasera del cuello pesa horrores, bueno, pues... ¿qué carajos hice? Entonces vienen a mi mente mil imágenes cargadas con tanta energía en plena explosión. Ah, pues ¿cómo no?. Un concierto de rocanrol.

De la tardía aparición del grupo.
No sé por qué lo hacen en los bares, la verdad no entiendo la razón. Digo, igual y sea una estrategia de mercado o alguna de esas, pero no me explico bien a bien por qué cada vez el grupo que toca tiene que comenzar a tocar tan tarde. La cita al evento era a las nueve de la noche. Todos sabíamos que no iba a empezar a esa hora porque aquí en México tenemos la... no sé si mala o buena, pero definitivamente costumbre de llegar tarde, comenzar tarde y aplazar casi todo lo que hacemos. No voy a reparar en ese asunto, ya habrá su momento para hablar de ello después (hablando de aplazar cosas jajajajaja). Y uno dice: bueno, está bien que el plato principal del evento ocurra algo tarde, pero, pero, pues, es que, bueno, aquí les va mi opinión y propuesta: pongan algo más en qué entretenerse, un grupo telonero, por ejemplo.
No es que uno se aburra, uno puede ponerse a cotorrear y estar tomando cerveza tras cerveza hasta que den altas horas de la noche y comience a tocar la banda, pero hubo momentos en los que yo comenzaba a desesperarme. De buenas que habíamos agarrado una de las mesas que están afuera, al aire libre y donde hay espacio para moverse. Si desde el principio (creo que llegamos al Confesionario bien puntuales: nueve – nueve y diez, por ahí) hubiéramos estado adentro, donde toda la gente, en su gran mayoría vestida de negro, se acumula en montones y no hay espacio para moverse, tal vez hasta me hubiera dado un ataque de asma.

De la energía en explosión.
No me pareció extraño que después de unas cuántas chelas y cuando empecé a escuchar la “Apuesta por el rocanrol” sin pensarlo entré al bar y comencé con la brincadera-gritadera que se traían todos los metaleros.
Ni el calor ni los empujones ni el sobrecupo hizo que la banda se echara para atrás, ni los meseros. Un aplauso para éstos últimos ya que pasaban por entre todo el desmadre para seguir con su noble labor de llevar bebidas a los sedientos. Un aplauso también para el público que no se las hacía difícil, es más, si hasta les dábamos chance para que pasaran.
No es por menospreciar al grupo, tocaron bien, la verdad, pero debo decir que casi cualquier Tributo a Héroes del Silencio, si no es que los músicos la cagaran en serio y tocaran mal, la banda siempre está bien prendida. Son canciones que tienen un “algo”, ese algo que aparte de la letra, arreglo, interpretación, hace que la canción sea buena. Pues las canciones de Héroes tienen un algo bastante explosivo y energético. Se notó.

Del sudor y la cerveza que caía por todos lados
Llovía sudor, bastante, y también cerveza, cosa que hizo que pareciera como si acabáramos de salir de un partido de futbol. De hecho, mi vestimenta (bermudas y playera deportiva sin mangas) y lo mojado que estaba hizo que algunas personas me preguntaran, ya en la fiesta, que si venía de jugar basketball. A pesar de que uno estaba mojadísimo, no sentía frío. A cada rato a alguien se le ocurría agitar la cerveza como si fuera champán en la premiación de la Fórmula uno. En verdad, estábamos convertidos en bestias, probablemente irreconocibles. De esas que hasta las facciones de la cara te cambian.

De la fiesta jipiereivera.
De esa fiesta no tengo mucho qué decir. Se veía chida, mucha gente, vendían bebidas, hubo creo que cuatro grupos en vivo, bueno, tres grupos y un cuate con una máquina de sonidos (que conste que no me vi mamón y puse sonidos, no ruidos) Había una gran generalidad de gente, uno que otro cuate conocido. Pero, aunque me estaba divirtiendo, sentía que no era mi onda, como si fuera a un rodeo, o a un baile grupero, me puedo divertir, pero definitivamente no es mi onda.
El caso es que un cuate, que como en ese tipo de fiestas se quiería ver muy “cool” sacó sus cadenitas con fuego y empezó a hacer eso que se conoce como “performance”. En una de las vueltas, el fuego agarró la camisa y se comenzó a prender. Parecía como que el chavo no se daba cuenta, hasta que le echaron un líquido y el fuego se apagó. La cosa no pasó a mayores.

lunes, 9 de junio de 2008

Café Tacuba en Rockoahuila fest

Busco la frase para empezar a escribir éste artículo noti-jocoso. Ya sé que lo arruiné con esto primero, pero la frase que llega a mi cabeza es “patean traseros”. No me gustaba el grupo antes del concierto, lo admito. Los respetaba porque tienen bunas rolas, buena creatividad y porque ps son buenos, pero no me gusta la faramalla, principalmente del vocalista. Fui al concierto, puuuuuf, menuda explosión de energía. Y sí, el vocalista hacía lo que yo pensaba era pura faramalla, pero ahora caigo en cuenta de que francamente es un pachuco chaparro naco y auténtico y que lo que hace es lo que hace, sin faramallas, algo así como el Diente de Marrano quiere lograr.
No estoy seguro de cómo caí en cuenta de eso, pero como que me proyecté y me identifiqué con ese cuate (el vocalista), jaja, sí, me da risa, y sí, creo que hay gente por ahí que me considera un mamón fantoche que se la pasa haciendo ridículos en los conciertos con sus pasos de baile de la lluvia y otros más que si bien son ridículos, pero yo lo hago auténticamente porque me nace y porque me divierte.
Eso es lo que se hace cuando uno va al concierto, echar desmadre y dejar toda máscara de postura social atrás, o bueno, así lo veo yo. Recuerdo un libro que nos pusieron a leer en alguna de esas estúpidas clases de relleno que tratan acerca de cómo debe comportarse uno y que los manejos de voz, el lenguaje no corporal y otras cosas de esas. La clase podría llegar a ser interesante, pero el manejo que le dan apesta. En fin, en el libro que nos pusieron a leer había una parte que decía más o menos algo así como que un cuate fue a un concierto de los Rolling Stones y se encontró a una chica que conocía, que parecía ser buena chica, educada, de buenos modales, bla, bla, bla... y que la chica esta andaba vuelta un desmadre, grite y grite como si estuviera poseída... uy, qué miedo. Yo pregunto ¡¿y cómo carajos va uno a comportarse en un concierto de sus satánicas majestades, los Rolling Stones?! Chinga, el resto lo dejo a lo obvio.
Musicalmente hablando, le mando un aplauso al tecladista que considero es el “cerebrito” de la banda, y me impresionó cómo toca la chuncha esa a la que le soplas mientras estás brincando, ta cañón, inténtelo a ver si pueden. Se prendieron por un muy buen rato, y prendieron a la banda saltillense (una banda difícil de prender) por un buen rato, también. Yo me la pasé de lujo, la verdad, sintiendo la música, bailando en el corto espacio que me tocaba, mirando alrededor el folclore de la gente que va a semejantes eventos. Desde viejitos pachuchos bien locos y borrachos, chavos y chavas banda, incluso había fresas, me cae. Hay música que no tiene fronteras, la de Café Tacuba está entre esas.

Los momentos a resaltar del evento.
- Antes de llegar, Lalo, Alexandra y yo estábamos inmersos en cierta clase de “fobia paranoica” hacia lo que nos rodeaba. Yo era el que manejaba la camioneta y francamente estaba manejando muy mal, sentía que todos los coches me querían comer, ya ni siquiera chocar, ¡comer! ...y luego todos los polis que andaban en el concierto... puts, andábamos pero si paniqueados. Al principio sólo eramos Lalo y yo, porque la verdad eso de la manejada no es lo nuestro, y pues, como que se lo contagiamos a Alexandra. Incluso, la muy miedosa no quiso que pasara por la única calle por donde se entraba al evento. En dicha calle había unas patrullas y un poli que se acercaba a los coches y algo les decía a la banda. Tuvimos que pasarnos de largo para calmarnos, entrar en nuestros cabales y tomar riendas de nuestras emociones. Lalo, cabe resaltar, se hizo el dormido cuando pasamos frente a los policías, que sólo nos querían decir que la salida era por el lado contrario a por donde entramos al Parque Maravillas. En fin...
- La competencia de popularidad entre Alexandra y yo. No sé ni por qué se me ocurrió competir con ella en popularidad, digo, ella debe tener conocidos hasta por debajo de las axilas y yo soy bien antisocial. Dimos una vuelta por la fila y contamos a las personas que conocíamos. Ella ganó, por supuesto.
- Un chavo aventó cerveza y nos mojó a algunos. Alexandra, cual salvaje Valquiria que a veces es, sin medir las consecuencias de sus actos, tomó una lata de cerveza y le aventó cerveza al güey, claro que el cuate este no la vio. No sé por qué lo hizo (él), igual y fue venganza, pero el cuate aventó la cerveza para atrás, no arriba, sino atrás. Tal vez pensó que la persona que tenía atrás fue quien le aventó la cerveza... quien sabe. El caso es que el cuate este mojó de lleno a la chava que tenía detrás, le bañó toda la cara. Pobre gortida, se le aurrinó todo el maquillaje. La amiga de la gordita entró en acción y le dio un tremendo empujón al güey que casi lo tumba del asiento donde estaba parado (casi todos estaban parados en asientos para ver). Se armó toda un zafarrancho a causa de que la Valquiria aventó la cerveza al güey que la había aventado para arriba, total que después de la escaramuza los de seguridad sacaron al cuate este. Moraleja: no avientes cerveza, no seas bruto y tómatela.
- Las luces estuvieron muy buenas, ambientadoras e inspiradoras.
- Hubo una rola, creo que la de la “Chica Banda” en la que invitaron a pasar al escenario a tantas chicas como pudieran ir, y el escenario se llenó de chicas bailando. Hubo una, bien posesiva, que no soltaba al vocalista, y luego se adueñó del micrófono, la muy artista. Se llevó unos buenos aplausos y supongo que unos buenos agasajos que le puso a los músicos.
Bueno, fueron esos. Cabe resaltar que describir la energía y toda la onda del sentimiento más afín a la música es muy difícil e incluso podría llegar a ser aburrido si lo escribiera, así que nomás me queda decirles que, qué mala onda quien se lo perdió. ¡¡¡Conciertazo!!!

lunes, 26 de mayo de 2008

Ely Guerra en concierto

Bastaría una palabra para describir las muchas emociones que se sienten al escuchar ese “boleto en mano” que se dice en las filas de los conciertos.
Es en parte, algo de lo que recuerdo del concierto. No era muy fan de Ely Guerra, de hecho, no sabía ni qué cantaba, pero como tengo que apoyar el creciente movimiento de rocanrol, tenía todas las ganas de ir. Aparte, no suceden muchas cosas así en Saltillo, así que no pensaba desperdiciar la oportunidad. Así que al escuchar el son del “boleto en mano” la gente comenzó a moverse.
No había sido difícil conseguir los boletos, digo, eran gratis. Pero por lo mismo se agotaron el primer día y mis amigos no habían conseguido. Yo tenía dos, uno para la Valkiria y otro para mí, así que no quedamos de acuerdo con nadie de la banda para llegar ahí. Aparte, Saltillo es lo suficientemente pequeño como para encontrarte a las personas que buscas en el lugar donde las buscas. Aquí nadie se pierde, hay pocos misterios... pero bueno, ese no es el caso de hoy.
Estábamos esperando que dieran las 7 para irnos, mientras nos chutábamos el partido de Cruz Azul – San Luis. Nos quedamos bien jetones, la Valkiria y yo. Por fortuna puse mi alarma del reloj para indicarnos la mera hora en que habíamos decidido para salir. Para no llegar y estar mucho tiempo formados y tampoco para llegar muy atrás a la fila. (No sé si me expliqué en el enunciado anterior, pero traigo tanta hueva que no lo voy a editar si no se entiende.)
Nos encontramos al ilustre Emperador Malamen, alias Daniel Canepa y nos quedmos en la fila junto con él.
Total, que entramos al concierto, hubo fallas técnicas por lo que se retrazó media hora, nada nuevo. Pero en cuanto a Ely Guerra... qué voz, qué bárbara. Por la forma en que cantaba me dio la impresión de que ella sería el tipo de mujer que anda a diestra y siniestra moviendo tapetes de hombres por doquier, porque a una mujer guapa y talentosa se le ponen pocos “peros”, pero a la mera hora ¡naranjas! Nada de nada.
Se prendía de poca madre, retorciéndose como lombriz cuando le cortas una parte del cuerpo, y dando zapatazos como si estuviera matando alacranes muy grandes. Se ponía roja roja y gritaba con un muy buen control de voz. Las sombras provocadas por tanto flachazo daban la impresión de que nos encontrábamos en una tormenta eléctrica y que Ely se movía de un lado a otro, por toda la pantalla, cambiando de tamaño y lugar.
Hubo una canción en la que cantó a capela. Se bajó del escenario y caminó por los pasillos del teatro, entre el público, ahí es donde entra otro de nuestros fabulosos

“Episodios Urbanos” El hurto de guitarras.
Todas las miradas se centraban en la figura de Aly Guerra quien se paseaba entre el público coqueteándole a uno que otro chavo. Las novias de los susodichos hervían de celos por dentro, aunque no lo hacían notar; y los chavos mismos ardían en deseos de ir más allá de un simple coqueteo con la talentosa y guapa cantante, pero sabían que aquello era parte del espectáculo, que pocas probabilidades tendrían si se tratara de un buen y formal coqueteo. Sepa cuántos se pararon de sus asientos cargando sus mini-cámaras pedorras (digitales o de celular) para tomarle fotos a Aly. Era el momento justo para actuar.
- Ahora es cuándo cabrón. – dijo Rigoberto.
- ¿Qué cosa? – preguntó Clemente.
- ¡Ir por las guitarras! Todos andan en la pendeja y nadie se daría cuenta.
- Tienes razón, ¡pinche lacra! Nadie hubiera pensado en eso más que tú.
- Y si vamos todos – añadió Elina -, de perdido uno sale.

Así que se pusieron de pie. Y caminaron al escenario. Tal cual había dicho Rigoberto, todos estaban en la pendeja.
- Saldremos por la puerta de atrás.
- Pero ya no vamos a poder seguir en el concierto. – dijo Elina.
- No importa, yo ya me estaba aburriendo.
- Lo mismo iba a decir.
- Lástima que no podremos ver el desmadre que vamos a ocasionar cuando regrese al escenario y vea que falta una guitarra. – susurró Clemente, iba acercándoseles por atrás.

Se subieron al escenario. Rigoberto le dijo a Elina que fuera a prender la camioneta para no perder tiempo, ya que si se armaba la persecución, ella no podía correr bien puesto a una reciente operación en el pie (había chocado a 180 kilómetros por hora en una carrera clandestina en el boulevard V. Carranza y tuvieron que reconstruirle un pie.). Elina no chistó y se movió rápidamente. Correr no era mucho lo suyo, correr a pie, al menos, detrás de un volante era otra cosa, estaba en su elemento.
Así que Clemente y Rigoberto se quedaron en el escenario, mirándose uno al otro.
- ¿Listo? – incitó Rigoberto, altamente emocionado.
- Espera. Hay que ver si alguien se acerca.
Nada.
- Vamos, no hay que perder tiempo. – insistía Rigoberto.
- Aun no.
- ¡Esto es demasiado sospechoso!
- ¡Ahora!
Clemente corrió a toda velocidad hacia la puerta trasera del teatro mientras que Rigoberto tomó la guitarra y corrió tras Clemente. Mientras éste forcejeaba con la puerta. Rigoberto lo alcanzó. A empujonazos y trompicones lograron salir. Buena cosa que Rigoberto no cayó al suelo porque se hubiera lastimado la guitarra.
En sus vientres el vértigo estaba a todo lo que daba. Al parecer nadie los había visto. Ya estaban en la calle. La Ranger-2008 estaba prendida y esperándolos. Corrieron y subieron a ella y escaparon sin que nadie los siguiera.

El silencio reinó en la camioneta en lo que todos agarraban aire.
- Que bajo hemos caído. – pensó Rigoberto en voz alta.
- Robar una guitarra a una artista. – agregó Clemente.
- No es que le falten guitarras, o dinero para comprarlas, pero... si nos vimos muy mal, ¿verdad? – terció Elina.
- Hay que regresarla.
______________________________________________________________________

Bueno, ese fue el Episodio Urbano del evento. Total, debo admitir que estuvo bueno, aunque me aburrí un poco. Tal vez fue porque tenía mucha hambre y la cruda del viernes comenzaba a pegar, o porque de plano esa onda de música no es mucho mi tirada, igual y para un rato, pero sólo un rato. Ely Guerra no tiene que sentirse mal, ya que muchos güeyes y hasta chavas se la pasaban gritando piropos y "te amos" entre rola y rola.
Un saludo a toda la banda que fue al concierto, a la que se quedó afuera (creo que nadie) y a los que no fueron.

lunes, 19 de mayo de 2008

Héroes del Silencio/Octubre 2007

Esperan para esperar y espera la espera. Cada estación a la que arribaban tenían que esperar. Era muy poco lo que iban a gozar, lo sabían. Muy poco lo que iban a gozar y mucho lo que iban a esperar, a sufrir, a soportar, a aguantar a pie firme, o ya sea acostados, sentados espalda con espalda para apoyarse uno a otro en el descanso, porque vaya que necesitarían descansar y guardar fuerzas para cuando llegara el evento.
El sol quemaba intensamente en ese octubre del 2007, ya eran épocas de frío, de vientos helados que se llevaban a las hojas de los árboles que habían decidido errar por aquí y por allá, en búsqueda de algo o en búsqueda de nada, eso no importaba. Pero a pesar de la época del año, y del viento que por las noches y por las mañanas enfriaba corazones, el canijo sol quemaba intensamente. ¿Sería tal vez por todo ese desmadre del calentamiento global, que las capas de ozono ya no nos cubrían de los intensos rayos del sol, o simplemente el infierno estaba ya a la vuelta de la esquina?
No lo sabían, y poco les importaba. Estaban ahí con un solo propósito bien en claro. Sabían por las que iban a pasar, o bueno, se las figuraban, sabían que no sería fácil. No cualquiera. Hace falta una gran resistencia y un gran sacrificio para hacer lo que ellos querían hacer.
Desde los taxistas careros hasta el conserje mierda, los polis que querían abusar de su poder y uno que otro gandalla por ahí. Había que soportarlo. Había que soportarlo porque si se enfrentaba cabía el riesgo de no lograr la meta que se proponían, que se habían propuesto meses atrás. Ocho largos meses de espera, más de ocho largas horas de viaje, más de ocho horas de fila bajo el sol. Un calor sofocante, que al refresco de unas chelas y un techo fabricado de improviso se hizo más tolerable, hasta agradable a cierto punto.
Un cielo que tristemente sí se veía algo más oscuro y no tan claro como en ciudades pequeñas. Un metro que acciona tan rápido que la gente no se da cuenta de quién existe o no, pero que bien a bien tienen en sus cabezas lo que quieren hacer, o de lo que van huyendo; eso dejárselo a cada cual. Uno que otro queriéndose ganar la vida, y otros, simplemente, esperando para esperar, esperando estaciones donde se va a esperar para volver a esperar. Pero así llegará (y vaya que llegó) la última espera, la más larga de todas (a mi gusto), en la que el tiempo parecía jugar una broma de lo más macabra y cruel, pero todo aquello para que el peldaño final alcanzara niveles extraordinarios de altura y el viento los refrescara tan plácidamente que una vez acabado el evento, se desplomaron para seguir disfrutando lo que seguía haciendo eco en su cabezas y sus corazones.

Los mejores momentos del evento:

- La plática en el camión acerca de la tocada en Guanajuato donde César nos invitaba a tocar. (Que a fin de cuentas nadie fue)
- La corrida desesperada que dimos René y yo para no llegar tarde al “Starbucks” donde nos esperaban César y Estéf para de ahí irnos a la central de camiones.
- La viejita que sin conocerme ni saber nada de mi adivinó que iba para el concierto de Héroes y que dijo que yo iba a morir ahí.
- La cara de César y Estéf cuando les contamos acerca de la viejita y lo que nos dijo.
- La cara de César y Estéf cuando les dijimos que había sido broma.
- Que César hubiera olvidado su boleto pal concierto en su mochila que guardó en un locker de la central de camiones.
- El viaje en metro.
- Los taquitos que nos echamos antes de hacer fila.
- Las gloriosas chelas que nos tomamos en la fila.
- La corrida desde la fila hasta la zona que nos tocaba en los conciertos.
- El hecho de que las botas de René le hubieran sacado ampollas y así tuvo que aguantarse en la carrera y en todo el concierto.
- La caída de César en la carrera a nuestros lugares. (Esa no sé si es cierta o quedó en mi memoria por otros hechos aislados)
- Las pláticas con la banda ya estando dentro del Foro Sol.
- El hecho de que a René le hubiera tocado una zona muy lejos y en gradas siendo que pagó un boleto más caro.
- El suéter volador que entregó a René mi boleto pa que se pasara a nuestra zona que estaba mejor.
- El comienzo del concierto con la escenografía y la rola de “El Estanque”.
- La playera que me encontré tirada entre toda la marea de gente. Playera que resultó ser una blusa que todos querían, pero que le regalé a mi chava.
- El bar al que quisimos ir, pero el cansancio nos condujo a dar la noche por terminada.
- Las tortas que cenamos en un lugarucho, pero más que eso, el wey de la mesa de al lado que estaba jetón con la boca abierta.
- El hecho de que le tuviera que hablar “cantadito” al taxista para que no nos cobrara como si no fuéramos del defe.
- Las larguísimas horas en la terminal de camiones, esperando a que el camión saliera para Saltillo.
“Descubrimos que la central de camiones está diseñada para que la gente no pueda dormir”.
- Los asientos incómodos y resbaladizos de la central.
- El conserje de mierda que cantaba a todo pulmón mientras trapeaba y no nos dejaba descansar en paz. Que aparte, nos sacaba la lengua cuando lo veíamos.
- Los culeros de seguridad que daban macanazos a los asientos de lámina que retumbaban cuando alguien se quería dormir.
- La dormida en el camión de regreso, que ya buena falta nos hacía.

Que les sea leve.

jueves, 15 de mayo de 2008

El Mastuerzo en concierto

Miércoles 14 de mayo de 2008


Pues bien, como mencioné anteriormente, aposté por el rocanrol y fui al concierto. No nos fuimos de pinta como yo esperaba, Lalo se amariconó, cosa rara en él tratándose de elegir entre chelas, rocanrol y amigos; o escuela, presentación y responsabilidad; pero bueno. Nos quedamos a clase, presentamos en chinga el trabajo de francés que Canepa nos facilitó y nos largamos. Era un buen trabajo, de Ernest Hemingway.
Antes de quedar con el plan bien definido, cabe resaltar la mariconada de Lalo, a quien habíamos invitado a irse de pinta con nosotros mucho antes de que iniciara el concierto pa´ tomarnos unas chelas y llegar con una mejor y más apta percepción al evento. Tal vez era que a Lalo no le gustaba el Mastuerzo, por eso se negaba a irse de pinta, pero en el momento en que dijimos que íbamos por las chelas, al güey le brillaron los ojos. Estaba debatiéndose entre ir o quedarse a clases. Por supuesto que quería ir. Ninguno de nosotros conocía bien al Mastuerzo, conocíamos, quizás, a Botellita de Jerez, no como para considerarnos fans, pero sí los conocíamos, pero la onda no era esa, sino salir los tres, de pinta de la escuela, a tomarnos una chelas (obviamente) a un evento rocanrolero.
Era tan gracioso ver a Lalo caminar rumbo al salón de clases mientras nosotros le malinfuenciábamos... Si el güey quisiera irse, se habría ido a la primera, pero no, ahí estaba esperando a que le dijéramos más cosas, a que le picáramos en el orgullo, en las ganas y a que despertáramos su espíritu desmadroso y carnavalero.
Al fin fuimos.
No estuvo tan tan mal, aunque no me gusta la trova y si no fuera porque había escuchado antes a Botellita de Jerez, hubiera pensado que el Mastuerzo era un trovador más, pero por su pasado, quise ir y poner atención a las rolas.
Lo mejor del evento es que conseguimos baterista. Al parecer, Canepa es más famoso de lo que pensaba. A la salida del concierto se topó con un güey que lo había conocido en una de sus antiguas tocadas con su ex-grupo y recientemente enterrado Fausto. El güey al que se topó resultó ser baterista y le pidió a Canepa que lo invitara a tocar, y como nos falta baterista, ps cayó como anillo al dedo. Ya les contaré más al respecto cuando suceda.
Que les sea leve.